top of page

Exploraciones

Exploraciones es una bitácora del proceso, una especie de mapa del aprendizaje. Reúne ejercicios, ensayos, errores, aciertos y piezas que nacieron en distintos momentos del camino: prácticas con materiales, aproximaciones técnicas y búsquedas que, aunque no siempre llegaron a convertirse en obras consolidadas, dejaron una huella valiosa. Cada experiencia —ya sea en dibujo, cerámica, metalistería o pintura— formó parte de una convivencia más amplia con la materia. Algunas disciplinas quedaron latentes, en espera de ser despertadas; están ahí, dormidas, pero listas para entrar en acción cuando el cuerpo o la mente necesiten nuevos recursos para dialogar. Son herramientas disponibles, siempre dispuestas a ser convocadas. Con el tiempo comprendí que lo importante no es dominar una técnica, sino mantener una relación viva con ella. En ese diálogo constante entre intuición y oficio, uno va descubriendo su propio lenguaje, y esa búsqueda no tiene fin: el arte no llega a un punto de cierre, sólo se transforma y se expande. Por eso, Exploraciones no muestra resultados, sino procesos. Es un espacio donde el aprendizaje se celebra, donde cada intento conserva su valor simbólico y emocional. Aquí el arte se prueba, se cuestiona y se comprende.

Metalistería

Estas esculturas nacieron casi por casualidad, de un gesto afectivo y una chispa de curiosidad. Quise hacerle un regalo original a una novia, y mientras aprendía a tocar el saxofón y ordenaba mi caja de herramientas, vi un clavo doblado que, por su forma, me recordó a un saxofón. De inmediato pensé: ¿y si hiciera una ranita que lo tocara? De niño me apodaban la Rana René, así que la idea me hizo sonreír, y sin pensarlo demasiado comencé a construirla con lo que tenía a mano: tuercas, alambres, clavos, arandelas y balines. La primera fue pintada de verde y ensamblada con Kola Loka y bicarbonato. Con el tiempo la técnica evolucionó: empecé a soldarlas, a pulirlas, y a dejar el metal al natural, con su propio brillo. Así nació toda una orquesta de más de treinta músicos, cada uno con su instrumento y su propio carácter. Lo que empezó como un pasatiempo se convirtió en una pequeña aventura. En 2002 abrí un sitio web "creartes.com" para mostrarlas y, sin imaginarlo, recibí invitaciones y mensajes sorprendentes: una televisora mexicana me invitó a presentarlas, y un coleccionista estadounidense me escribió pidiéndome diez mil piezas. No supe si emocionarme o preocuparme: era imposible producir algo así sin renunciar a mi trabajo, y sobre todo, sin perder la magia que había en cada figura hecha a mano. Intenté hacer cien y terminé agotado; comprendí entonces que una cosa es el mercado del arte, y otra muy distinta es hacer arte por placer, por diálogo con la materia. Estas ranitas, las que conservo hoy, son testimonio de esa etapa: del gusto por crear, del aprendizaje, y de la decisión de seguir haciendo las cosas por amor al proceso más que al resultado.

Cerámica

Mi relación con la cerámica comenzó mucho antes de saberlo. Desde los 7 años sentía fascinación por crear cosas con las manos. Cuando jugaba, modelaba letras en plastilina para hacer más realistas los escenarios de mis juegos, ponía letreros en 3D que decían “Sindicato de Camiones Transportistas del Servicio Urbano” o inventaba anuncios para que todo pareciera más verdadero y mis coches tuvieran un peso y significado en el juego. En la escuela, cada vez que nos encargaban maquetas, era mi oportunidad para modelar. Recuerdo una tarea sobre los climas del mundo; a mí me tocó representar la Antártida y moldeé pingüinos en plastilina blanca, negra y naranja. Eran tan reales que se ganaron la admiración de mis compañeros, aunque nadie notó entonces que lo que en verdad me movía era el placer de dar forma con las manos. Pasaron los años y, en 2005, el azar me llevó a un taller de cerámica. Yo asociaba el barro con lo utilitario —tazas, platos, jarros—, pero intuía que allí había algo más. Entré por curiosidad y por necesidad: buscaba mitigar una tristeza, y el barro hizo su trabajo. Me encontré modelando formas sin propósito práctico, explorando el material como si fuera un lenguaje nuevo. Fueron solo tres meses, pero bastaron para dejar una huella profunda. Regresé a mis actividades laborales, aunque con el alma sellada y pendiente en el barro. Desde entonces, he vuelto al taller por temporadas, de manera esporádica pero constante, como quien busca una rendija para respirar. El arte es una disciplina celosa: exige tiempo, entrega y silencio. Pero aun en los intervalos, el barro ha seguido llamándome. En ese camino también tomé un curso de modelado de figura humana en plastilina epóxica, una experiencia que amplió mi comprensión de la forma y la anatomía. Aquella práctica me permitió entender el volumen y el gesto desde otra materia, y con ello reafirmé que cada técnica, por distinta que parezca, se comunica entre sí: todas alimentan la misma búsqueda. Las piezas que aquí presento son parte de esa relación intermitente pero fiel. Son ejercicios, aciertos y errores, intentos por dominar la técnica y, al mismo tiempo, por estirar la creatividad hasta encontrar nuevas formas de expresión. Cada encuentro con el barro ha sido una conversación renovada: él me enseña paciencia, yo le devuelvo curiosidad. Seguimos acumulando conocimiento, preparando el terreno para lo que viene.

Bocetos, Pintura y Fotografía 

Esta sección reúne ejercicios que nacieron como bocetos, ensayos o fragmentos de búsqueda. Los bocetos fueron, en muchos casos, planos iniciales para futuras pinturas objetuales: mapas de forma y proporción donde la línea todavía pensaba lo que después el volumen iba a decir. Las pinturas y fotografías prolongan ese mismo gesto exploratorio: son registros del tránsito entre la idea y la materia, entre el experimento y la intención. En conjunto, conforman una cartografía del proceso creativo: una zona donde el error, la intuición y el descubrimiento dialogan con la conciencia técnica y simbólica.

bottom of page